Jetpacks

Desde que el ser humano ha sido capaz de escribir su propia historia, la ciencia ha mirado hacia el cielo intentando imitar el comportamiento de las aves con mayor o menor éxito. Es bien sabido que los primeros en “volar” fueron los hermanos Wright en 1903 con su primer vuelo tripulado del Flyer 1 pero, desde entonces y hasta hoy, los ingenieros han tropezado con el vuelo unipersonal y autopropulsado una y otra vez.

Hombres voladores

Volar siempre ha sido el sueño de la humanidad

Jetpacks, Cinturones cohete y mochilas Helicoptero.

Si bien es cierto que volar de forma personal y autónoma es factible gracias parapentes, alas delta o, simplemente globos aerostáticos, aún no se ha conseguido un equipo ligero autopropulsado que logre llevar a cabo un vuelo a distancias más o menos largas.

La carrera en busca del hombre volador comenzó en la segunda guerra mundial de mano de los ingenieros de la Alemania Nazi. El primer modelo de Jetpack contenía muy poco combustible y su finalidad era más la dar saltos largos que la de volar. Para ello, los desarrolladores del invento acoplaron un motor similar al de la famosa bomba voladora V-1 , pero de dimensiones más reducidas. A base de pequeñas propulsiones el equipo podía llegar a elevar una persona hasta los 60 metros. El invento nunca se destino a uso militar y finalmente su desarrollo fue abandonado.

Aún así los Jetpacks siguieron desarrollándose a lo largo de las décadas de los 50 y 60 de manos de los laboratorios Bell hasta que, en 1984, se popularizaron tras la demostración televisada de los juegos olímpicos de Los Angeles. Esta segunda generación de cohetes estaban propulsados por la reacción exotérmica producida a partir de la mezcla de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) y plata que contenían.

La ceremonia de apertura de Los Ángeles 1984 sorprendió a propios y a extraños con la aparición de un misterioso hombre volador.

Los años posteriores no han dado frutos significativos en el desarrollo de Jetpacks. Los últimos avances mejoran los diseños, pero siguen siendo peligrosos para el uso generalizado. Un error o avería en el equipo supone una muerte casi segura debido a que los dispositivos nunca alcanzan alturas suficientes para el uso del paracaídas. Una importante excepción es la de Yves Rossy, ingeniero desarrollador de un jetpack mixto con alas que en el 2008 logro volar impulsado por un cohete alado durante casi 10 minutos. Sin embargo no puede considerarse un jetpack en su sentido estricto puesto que su vuelo comenzó desde un avión ya en vuelo.

Yves Rossy haciendo una demostración de su dispositivo volador

Otro dispositivo reciente es el desarrollado por la compañía Martin Jetpack. La mochila helicóptero que presentaron el mes pasado goza de buena maniobrabilidad y autonomía, pero sigue siendo, en mi opinión, demasiado voluminosa y poco práctica.


Mochila voladora accionada por turbinas

En definitiva, y a la espera de que los ingeniaros aeronáuticos nos sorprendan con un mejor sistema de vuelo propio, deberemos seguir soñando con volar. ¿O no?

Salto base extremo con alas

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