Tecnomantes en Japón, Día 12 (Último día)
El viaje llega a su fin. El último día lo dedicamos a visitar Nikko, una pequeña población al norte de Tokyo. Nikkō (日光市 Nikkō-shi?, literalmente ‘luz del sol’), es un pueblo repleto de santuarios y recintos sagrados, así como de balnearios (onsen), que hacen de la localidad un centro religioso y turístico muy visitado. Para llegar desde Tokyo se toma un tren desde la estación de Asakusa en dirección norte. Por aproximadamente 1400 yenes (8 euros), y en menos de 3 horas, el tren nos llevó hasta Nikko. Es necesario sentarse en los dos primeros vagones, aunque a día de hoy todavía no estoy seguro del porqué, pero bueno, así lo indicaban los carteles, y así lo hicimos.
Una vez se llega a Nikko, se puede coger un autobús hasta la zona de templo o andar diez minutos. Nosotros, pese al frío, pateamos los 3 kilómetrejos que separan el núcleo del pueblo hasta la zona de los templos. Una vez en el recinto conviene comprar un ticket combinado para ver todos los templos y no tener que pagar por separado cada uno. Entre todos los templos que visitamos, me quedo con el templo y la tumba de Ieasu Tokugawa, también conocido como Tōshōgū. Dentro del recinto de dicho templo se pueden encontrar bastantes curiosidades, como pequeñas esculturas de los tres monos sabios, o una talla en relieve de un pequeño gato durmiendo, que según cuentan, parece tan real, que se creía que era un felino de verdad. Además también se pueden subir unas escaleras bastante empinadas que llevan a la tumba del Shogun, pero hay que pagar unos 500 Yenes extra.

Talla de los tres monos sabios en el templo de Tōshōgū

Relieve de gato durmiendo a la entrada de la tumba del Shogun.
Un poco más al oeste se encuentra la tumba de otro Tokugawa. Esta vez se trata del nieto del primer Shogun, Iemitsu. El templo es más pequeño, pero más tranquilo y bonito, y se respiraba serenidad. Aquí compramos algo de incienso y decidimos que ya teníamos suficiente de templos por mucho tiempo. Tras hacer una parada para comer algo de Yakitori en un famoso (y barato) restaurante llamado Hippari Dako, regresamos a la estación.

Entrada del templo de Taiyunbiyo.
















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