Estambul, parte 1

Lo prometido es deuda: Aún bajo el trauma generado por el dichoso síndrome post-vacacional, me dispongo a redactar un breve diario de mis vacaciones en Estambul con la esperanza de que sirva de ayuda a futuros exploradores. No esperéis grandes relatos de aventuras, fueron unas vacaciones de lo más entretenidas, pero sin mucho sobresalto.

Previos
Antes incluso de coger los billetes, mi amigo Josu y yo nos pusimos manos a la obra y recopilamos la mayor cantidad de información posible sobre que lugares a visitar. La mayor parte de lo que obtuvimos fue gracias a Internet, aunque nuestro mejor aliado resulto ser la guía Lonely Planet de Turquía, que contiene un apartado muy majo sobre Estambul y se hace fácil de manejar sobre el terreno. Aconsejable y muy divertido también el diario de viaje “19 Pizzas y 500 Kebabs” que aunque no sirve de mucho a modo de guía informativa, es muy divertido.

También convenía informarse sobre el huso horario. Turquía suma dos horas a la hora de meridiano Greenwich (GMT+2), así que es necesario adelantar una hora respecto a España cuando pisas suelo Otomano. La infraestructura eléctrica, tal y como leímos en algún lado, es la misma que usamos en España, así que tampoco tuvimos problemas para cargar nuestros móviles.

Día 1.
Nuestro viaje iba a durar de 6 días: salimos un sábado por la mañana tempranito y tras hacer escala en Frankfurt (un par de horas de vuelo) cogimos un avión de las aerolíneas turcas con dirección Estambul (otras tres horas). Al llegar nos tragamos otra media hora de colas debido a la obligatoriedad de comprar un visado por 10 euros (NOTA: Si vais a hacer este viaje aseguraros de colocaros primero en la sección de los visados, no en la del pasaporte, porque sino os mandarán a conseguir uno, y habréis hecho la cola en vano). Una vez hecho esto nos dispusimos a coger un transporte para el hotel. Y aquí es cuando nos encontramos con uno de los rasgos más distintivos de las gentes de Turquía: Es un país muy seguro, pero intentan exprimir hasta la última lira de los turistas que visitan la ciudad (pardillos que somos). Nada más salir con las maletas de la terminal nos abordó un supuesto empleado de información que nos instó a dirigirnos hacia una mini-compañía de autobuses que estaba cerca. El precio que nos daban era de 55 liras para dos personas. Decidimos declinar la oferta y preguntar a los taxistas que estaban justo al lado para comparar precios. Menos mal que lo hicimos así porque con el taxi nos ahorramos casi 25 liras (en total unas 30). Si vais a tomar un taxi, exigid que pongan el taxímetro para aseguraos de que no os la estén metiendo doblada :-P

Josu, con cara de cansado, al llegar al hotel.

Llegamos al hotel (un hotelazo, quien lo iba a decir) y tras darnos una ducha nos fuimos a cenar algo al cercano barrio de Sultanahmet, situado en la parte más céntricas de la ciudad. En Sultanahmet están dos de los edificios más impresionantes de la ciudad: La Iglesia de Santa Sofía y la Mezquita Azul. El restaurante en el que estuvimos se llama Selim Usta Sultanahmet Köftecisi y es famoso por sus albóndigas y kebabs. Mientras cenábamos, dos chicas autóctonas que se sentaron al lado nos invitaron a que fuéramos con ellas de fiesta, y aunque cansados, la verdad es que no nos lo pensamos mucho :-D

De fiesta, Estambul, es como otras ciudades modernas. La zona de marcha se llama Beyoğlu, y aunque ahora mismo solo recuerdo como se llamaba el primer bar al que nos llevaron (no, no era porque estuviese borrachuzo ;-D), que por cierto se llamaba Taps, puedo asegurar de que se trataba de una zona muy agradable con varios pisos y muchos bares.

Por fin, a eso de la una y media de la madrugada nos despedimos de las chicas dándoles las gracias (nos pagaron hasta las copas), y nos fuimos a dormir, que estábamos muertos debido al cansancio del viaje.

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